FRIGA: La cueva del Olvido

—¿Qué debo hacer? No la encuentro por ningún lado- dijo el Herbo con voz temblorosa.
—Debo consultarlo con las lunas- le respondió la hechicera al de naturaleza nenúfar mientras observaba el cielo. Después de observarlo detenidamente, se digirió al fondo de la habitación donde él se encontraba.
— La encontrarás en la cueva del Olvido, pero sucederá algo que no te permitirá permanecer a su lado. No debes ir a buscarla.
— Pero yo la amo- Su voz dejaba traslucir un amor puro y sincero.
La soledad del paisaje se extendía hasta el interior de la blanca y nevada cueva. De sus frías paredes y techo pendían largas estalactitas formadas por el helada agua que caía. Antes de entrar, Ambí contempló el lugar con detenimiento; sintió temor, como si fuera la primera vez que corriera presurosa bajo las puntiagudas formaciones que el viento balanceaba de un lado a otro. Sobreponiéndose al miedo que sentía, atravesó la cueva para llegar al otro extremo, adonde sabía que se encontraba la única salida que la conduciría hasta la hechicera de la región: ella podría darle lucidez a sus recuerdos con sus conjuros. Desde niña, Ambí sufría de una rara enfermedad provocada por una mala exposición de los rayos de
—Debemos encontrarla antes de que cruce la cueva del Olvido.
— Allí sólo vive esa vieja hechicera, Zamanthis.
— Debemos ir hacia allá.
Ambí caminaba con paso lento sobre la nieve, cuando de repente la asaltó de nuevo aquella terrible visión. En ella, el Herbo le resultaba familiar, pero por más que se esforzaba no lograba recordar quién era. Entonces escuchó un espantoso y agudo alarido que la sobresaltó; enseguida vio cómo en la visión una mano hundía una daga-escorpión en el pecho del Herbo para hacerle callar.
Asustada y confundida, apresuró el paso para llegar cuanto antes al sitio donde se encontraba la hechicera. ¿Por qué no podía recordar más detalles de los que hasta ahora aparecían en esa horrenda visión? ¿Por qué su memoria no respondía a sus repetidos esfuerzos por recordar?
Tomó entre sus manos el vientre del escarabajo, se lo llevó a la boca para comerlo y así recuperar la memoria cuando, en ese preciso momento, la hechicera Zamanthis le predijo:
— Tu visión es el preludio de algo terrible.
Ambí comió el vientre de escarabajo que, poco a poco, le fue aclarando los recuerdos. Tras darse cuenta de que el Herbo de su visión era Nibo, un rictus de preocupación se dibujó en su rostro.
— ¡Pero es que no puede ser!- exclamó llorando de angustia mientras sentía que el nudo de su garganta la ahogaba con más fuerza.
— Hace unas horas Nibo vino a consultarme. Él ya sabe lo que pasará si ustedes dos se vuelven a ver. Las Lunas me han revelado su destino: no pueden continuar juntos.
Tras escucharla, del rostro de Ambí rodaron amargas lágrimas.
— Allí esta Ambí.
—¡Detente!- gritó el viejo Herbo de naturaleza pino.
—Sabía que estarías aquí.
Nibo la tomó entre sus brazos y ambos unieron sus labios en un prolongado silencio. Abruptamente, lanzaron un lastimero aullido, como si supieran que nunca más volverían a ver la luz del sol.
Sus cuerpos, inertes, yacían sobre la nieve.